keto and me blog

Te pongo aquí un frangemento de uno de mis libros de cabecera:


«Tu cerebro está programado para analizar continuamente tu entorno, tus pensamientos y tu salud y para, con esa información, generar una sensación que llamas tu actitud.


Sabes, por experiencia, que haces mejor el trabajo y disfrutas más de la vida cuando tu actitud es buena.

Si pudieras controlar tu actitud directamente, en lugar de dejar que el entorno dicte cómo tienes que sentirte, sería como tener un pequeño superpoder.


Pues resulta que tienes ese superpoder. Puedes controlar tu actitud manipulando tus pensamientos, tu cuerpo y tu entorno.


Tu actitud afecta todo lo que haces en tu búsqueda del éxito y la felicidad. Una actitud positiva es una herramienta importante. Es importante hacerlo bien. »

- Scott Adams

¿Quieres un superpoder?

Buenas noticias.

Lo tienes: puedes controlar tu actitud.

¿Cómo? Manipulando tus pensamientos, tu cuerpo y tu entorno.

Adams dice:

«La mejor manera de manejar tus actitudes es entendiendo su naturaleza básica como un robot húmedo que puede ser programado para la felicidad si comprende la interfaz de usuario. »

Interesante.

Pero aún más interesante, ¿sabes cuál es el truco de programación número uno?

«El ejercicio, la comida y el sueño deben ser los primeros botones que aprietes.»

Actividad. Alimentación. Descanso (y para ello, mente en calma).

¿Te suena familiar? Estos son los fundamentos básicos a los que al final volvemos una y otra vez.

Bien.

Y yo te pregunto, tú ¿cómo estás?

¿Cómo está tu actividad?

¿Cómo está tu alimentación?

¿Cómo están tu descanso y tu mente?

Si no estás muy contenta con tus respuestas, mi propuesta es: haz micro cambios de hábitos diarios en todas esas areas, que no sean  negociables y que no requieran fuerza de voluntad.

Si quieres hacerlos bien desde el principio, y ahorrarte así tiempo, puedes apuntarte a mi lista aquí abajo.

En ella hablo de estas cosas.

P.D. Por si te lo estabas preguntando, el libro es Cómo fracasar en casi todo y aun así triunfar.

El primer día de clase de cerámica, Manolo, el profesor, les explica a sus alumnos:

«Durante el próximo mes, vamos a trabajar en 2 grupos.


Quienes estáis sentados a mi izquierda, formaréis el grupo A (cuantitativo) y quienes estáis a mi derecha, seréis e grupo B (cualitativo).


El grupo A, recibirá su nota basada únicamente en la cantidad de jarras que seáis capaces de producir.
El último día, contaré el total de jarras que me entreguéis. 20 jarras equivaldrán a un excelente, 15 jarras serán un notable, 10 jarras serán un bien, 5 serán un suficiente y menos de cinco será un suspenso.


El grupo B, tendrá una nota basada en la excelencia del trabajo. Solamente tendréis que producir una jarra, pero para obtener un excelente, tendréis que entregar una jarra perfecta. »


Al final del mes, le sorprende descubrir que las mejores jarras han sido producidas por el grupo A (cuantitativo).
Durante ese mes, estos alumnos habían estado ocupados haciendo y haciendo jarras.


Habían estado experimentando con las formas, probando técnicas, adquiriendo práctica y aprendiendo de sus propios errores.


En cambio, el grupo B (cualitativo) había estado teorizando sobre la perfección, aprendiendo sobre tipos de arcillas y haciendo cálculos.Al final, como resultado de su esfuerzo solo pudieron mostrar algunas teorías que no podían verificarse y unas jarras mediocres.


Y esto me lleva a donde está la chicha.


Es fácil quedarse atascada tratando de encontrar el plan ideal para cambiar: la forma más rápida de perder peso, la forma de ser más productiva, la fómula perfecta para seguir nuevos hábitos...
Estamos tan enfocadas en encontrar la mejor manera de hacer algo, que en realidad nunca nos ponemos manos a la obra.


James Clear se refiere a estos conceptos como ponerse en marcha vs actuar, y yo no he encontrado un nombre que los describa mejor.

Ojo, aunque los dos conceptos suenen parecidos, son muy diferentes.

Mira.

Ponerse en marcha significa buscar, aprender, crear estrategias y hacer planes.
No es que nada de eso sea malo, pero no produce un resultado.


Actuar, en cambio, es el comportamiento que te conduce a un resultado.

Si leo un libro de recetas keto, me estoy poniendo en marcha. Si me meto en la cocina y hago alguna receta, estoy actuando.


Si busco el mejor plan para perder peso y leo algunos libros sobre el tema, me estoy poniendo en marcha.
Cuando realmente empiezo a aplicar lo aprendido, estoy actuando.

Ponerse en marcha es necesario, es el primer paso.
Pero si no pasamos a la accion, nunca vamos a conseguir resultados.

No importa cuantos planes hagas para hacer el seguimiento de tus hábitos, eso no hará que empieces a hacerlos.

Hasta que no empieces a poner crucecitas conforme lo has hecho, no conseguirás resultados.
No importa cuántos videos sobre alimentación cetogénica veas, hasta que no lo lleves a tu día a día no verás cambios.


La pregunta es,
Si ponerse en marcha no basta para alcanzar resultados, ¿por qué lo hacemos?

Algunas veces lo hacemos porque verdaderamente necesitamos un plan o aprender más sobre un tema. En ese sentido es útil y necesario.

Pero, con frecuencia, lo hacemos porque al ponernos en marcha sentimos que estamos progresando sin necesidad de correr el riesgo de fracasar.

Nos parece que ya estamos haciendo algo, pero no actuamos porque queremos retrasar el fracaso.

Al ponernos en marcha, nos autoengañamos, convenciéndonos a nostras mismas de que estamos progresando.

Pensamos: «Ya tengo claro cómo tengo que se come en la alimentación cetogénica. Esto es bueno, estoy avanzando en la dirección correcta».

O: «He seleccionado unas recetas keto para hacerlas cuando empiece.
Este tema ya está puesto en marcha».

Ponerse en marcha te hace sentir que ya estás haciendo las cosas pero, en realidad, solo te estás preparando para hacer algo.


Para que pasen cosas, no puedes estar planeando todo el tiempo. También tienes que actuar.

¿Quieres actuar?

Entrar en mi lista aquí abajo puede ser un (buen) primer paso. Y es gratis.

Hay una película interpretada por Russel Crow que me encanta. Una Mente Maravillosa, se llama.

La película está basada en la vida de John Nash, matemático estadounidense profesor de universidad y premio Nobel de Economía.

Ojo, tengo que hacer spoiler.

Vale.

O ya la has visto, o no la vas a ver.

Si es lo segundo, yo te diría que la vieses porque es una película tierna, dura y curiosa. Y con un giro en la trama que no te esperas. Ganó 4 oscars, por cierto.

¿Sigues aquí?

Bien, pues ahí va el spoiler porque lo que te tengo que contar te interesa.

John Nash padece esquizofrenia, y eso le hace vivir en una dualidad constante entre alucinaciones y realidad. Poco a poco, paso a paso, Nash va comprendiendo lo que hay de alucinación en su vida, y el espectador lo hace a la vez. Incrédulamente primero, dolorosamente después.

Vamos, que al principio no tienes ni idea de que lo que ves no es real, así que cuando te enteras te quedas como...

¿cómorrrrr?

Las alucinaciones y los delirios incluyen a dos personajes productos de su mente: Charles (su amigo y compañero de universidad) y Marcee, sobrina de Charles que está a cargo de este porque su madre ha fallecido.

Pero lo dicho, que todo está únicamente en su cabeza, y estas dos personas no existen. En la película aparecen como si fueran reales, de forma que entiendes el vínculo que Nash tiene con ellos.

Pese a que las alucinaciones nunca desaparecen de su vida, Nash consigue controlar sus pensamientos y emociones y llega a ser capaz de discernir entre lo que es realidad y lo que no.

Pero, ¿lo consigue con fuerza de voluntad?

No, lo consigue porque idea un sistema que le ayuda a discernir entre los pensamientos que son reales y los que no.

Hay una escena al final de la película, cuando Nash está entrando (o saliendo, no me acuerdo) de la universidad de Princenton una vez ya ha ganado el Nobel.

Aparecen Charles y la pequeña Marcee (sus amigos imaginarios que le han acompañado durante décadas).

Ellos le hablan y le piden que les conteste, que no les deje solos... pero Nash les ignora por completo. Les oye, pero les ignora.

No se plantea si tiene que hablarles o no.

Simplemente sigue el plan: busca las pistas para diferenciar si aquello es real o no, identifica que no es real y, por consiguiente, no les hace caso.

Sabe que si deja esa decisión en manos del momento, de la emotividad, el estrés, la soledad o la fuerza de voluntad, el resultado puede ser un desastre.

Para eso precisamente ha ideado un plan, para no dejar su salud mental en manos de lo anterior.

Así que sigue andando sin hacerles el más mínimo caso.

(Esta es la cara que se les queda al ser ignorados por Nash).

Esquizofrenias aparte, recordar esta escena me hace ver claro como la capacidad de hacer cambios duraderos reside únicamente en nuestra mente.

Si queremos hacer cambios para conseguir nuestros objetivos, es en nuestra mente/nuestro cerebro donde deberíamos estar poniendo más atención.

De cosas así hablo en mi lista. Si es algo que te interesa, apúntate aquí abajo.

Apuntarse es gratis. Desapuntarse, también.

Tengo una amiga cuya alimentación está basada, en un 80%, en hamburguesas del BurguerKin y Phoskitos (si, los Phoskitos, regalos y pastelitos todavía existen).

El otro 20% son las comidas familiares del domingo.

A priori no parece una alimentación especialmente saludable. Pero no es de eso de lo que te quiero hablar.

Mi amiga no tiene sobrepeso.

Tiene otros problemas, pero el sobrepeso no es uno de ellos.

Como este hecho me parecía curioso, le pregunté.

«Yo es que nunca desayuno. Por la mañana no me entra nada más que un café. », me dijo.

«Si como fuera y no tengo tiempo, me como una hamburguesa con patatas. Pero no me pido cocacolas ni nada de eso. Tampoco como postre.»

Y siguió:

« Los fines de semana, si voy a casa de mis padres y hay carne empanada con patatas, paella o algo así "pesado", me como lo que tengo en el plato, pero normalmente nunca repito. Y, si hay postre, no suelo comerlo. No soy muy de helados ni de pasteles.

Hay días que me meriendo un Phoskito, pero entonces ceno algo ligero. Y lo que raramente hago es picar entre horas, eso nunca lo he hecho.»

Observando todo eso, llegué a la conclusión de que mi amiga lo que tiene es una estrategia. Aunque ella ni lo sabe.

Gracias al ayuno, a no abusar de las raciones y a no picar entre comidas, está restringiendo la ingesta calórica.

Gracias a no tomar bebidas azucaradas y apenas comer postres, está reduciendo la ingesta de azúcar.

Bien.

Aunque, desde mi punto de vista, basar la alimentación en pastelitos, carne empanada con patatas y fast food no es lo ideal, si lo es tener una estrategia. Y mi amiga la tiene. Ella se organiza como el cuerpo le pide, y se va compensando.

Y, te digo una cosa, antes de ir por la vida de la alimentación como pollo sin cabeza y comiendo a diestra y siniestra, preferiría tener una estrategia aunque sea como la de mi amiga.  

Phoskitos incluidos.

Pero tengo otra, la que me ha funcionado a mí y a cientos de mujeres. No está basada en fuerza de voluntad ni en recetas supercomplicadas. Es un sistema que, si se sigue, funciona.

De ello te hablo en mi lista. Puedes apuntarte aquí abajo.

Nos leemos.

Diana