keto and me blog

Mira.

Durante muchos años, tuve esta extraña conversación con alguien:


« Cada año me propongo cuidarme y al final, nada. Ahora llegan las Navidades y ya sé que empezaré el año con 3 kilos encima. Lo que me falta, vamos. Este año voy a intentar controlarme.»

« Diana, son fiestas y ahora no tiene sentido. Disfruta y relájate, y ya en enero te pones en serio.»

La conversación era conmigo misma, mi propio cerebro diciendome cosas a medida que las Navidades se iban acercando.

Esta era el tipo de “excusa que parecía racional” que mi cerebro empezaba a elucubrar hacia mediados de diciembre (luego descubrí que era mi cerebro racional intentando complacer al emocional, pero eso si acaso te lo cuento mañana)

La cosa es que la lectura real de aquella respuesta era:

« Diana, son fiestas y ahora no tiene sentido [ni ahora ni nunca, porque yo no quiero que cambies y haré todo lo que esté en mi mano para conseguirlo]. Ya en enero te pones en serio [que no te pondrás, pero si cuela, cuela]. Disfruta y relájate [tú ponte como el kiko, y hazlo sin culpa ni remordimientos]»

Bien.

Con este post tengo la loca intención de hacer que no caigas en la trampa que tu cerebro planea.

Quiero que hagas todo lo contrario y, además, voy a intentar convencerte.

Ay, eso a tu cerebro emocional no le está gustando nada. Está activando todas las señales de alerta.
Ya le estoy oyendo.

"A mi no me vas a convencer de nada, yo hago lo que quiero cuando quiero"
“Déjate de tonterías, tampoco estoy tan mal. Será un dinero tirado”
“En enero empiezas. Empiezas seguro. Segurísimo. Espérate a enero”
“¿Quién va a empezar a cuidarse en Navidades? Vaya chorrada...”

Bueno.

Ahí va mi idea.

Ya te he dicho que quizás es muy loca. Seguramente va en contra de todo lo que tu cerebro te está diciendo.

Yo te digo: empieza hoy.

Empieza hoy y cambia dónde estarás en dos semanas.  

Esto es:

atiborrándote a dulce y salado a lo loco

o

obteniendo resultados, avanzando y subiendo tu montaña.

Puedes elegir esa realidad aquí y ahora.

Con lo primero, ya sabes cómo te sentirás.

Con lo segundo, te encontrarás experimentando cosas que hace mucho que no sientes, y descubriendo lo infinitamente feliz que eso te hace.


En 15 días no harás un cambio radical, pero sí es muy probable que ya notes cambios y, lo más importante, habrás elegido cambiar.

Así que este es mi plan.

Empieza, ponte en serio y vamos a olvidarnos de una vez por todas del puñetero peso.

Si quieres ideas de cómo hacer eso, apúntate a mi lista aquí abajo.

Cuando lo hagas te mandaré una guía de alimentos permitidos en la dieta cetogénica y un menú completo de 7 días en pdf.

Pero eso, en realidad, es lo de menos. Lo importante, no te olvides, es lo que va a pasar a partir de este momento.

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Esta mañana ha caído en mis manos un libro.

En una de sus páginas decía:

Por muy alta que sea una montaña, no podrás verla si estás de espaldas.

- Lao Tse

Un tío listo este Lao Tse.

Me ha hecho pensar en esto.

Creo que todas tenemos una montaña detrás y que si no la vemos es, sencillamente, porque no nos ponemos delante.

La intuimos, notamos su presencia, su sombra nos tapa... pero no nos decidimos a empezar a subir y dejar de sentir su peso.

A veces la miramos de reojo y pensamos, un día de estos te escalaré, pero en realidad nos da un miedo terrible enfrentarnos a ella.

Parece demasiado grande.

Demasiado alta.

Demasiado complicada.

Demasiado peligrosa.

Parece demasiado.

Soy débil, pensamos, no tengo fuerza de voluntad y nunca lo conseguiré.

No estoy preparada, nos decimos. Necesito la mejor equipación, y ahora mismo voy en chanclas y bata de cola. Así no podré subirla.

Y mientras nuestro cerebro va disparando estos pensamientos aparentemente racionales, nosotras aprovechamos para, disimuladamente, darnos media vuelta y seguir donde lo habíamos dejado.

Dejar la montaña a nuestras espaldas es una forma de (no) enfrentarse a ella.

No hacer nada y seguir como estamos o, mejor dicho, seguir hacia donde vamos. Habría que ver qué nos espera si seguimos hacia donde estamos yendo ahora mismos... pero eso ya sería tema para otro email.

Bueno.

Yo opté por escalarla.

A veces siento que solo he recorrido cien metros. En cambio, cuando miro hacia abajo, sé que he andado mucho más.

Y que cada vez estoy más arriba.

Y, a medida que subo, la cuesta me parece más amable. Menos dura. Debe ser que ya voy teniendo la equipación adecuada.

Es una sensación agradable, y siempre estaré agradecida por haber sido capaz de encarar mi montaña y empezar a subirla.

Aunque no siempre haya sido, o siga siendo, fácil.

Además, no estoy sola.

Hay mucha gente que ya se está dando la vuelta. Que, en chanclas y bata de cola, está empezando a escalar. Y resulta que pueden hacerlo, y que no es tan horrible como creían.

Porque buscan los caminos más sencillos.

Aprenden a saltar las zonas difíciles.

Siguen andando, pues saben que es la única forma de llegar a la cima.

Y van cambiando sus chanclas por unas buenas botas, que les acompañarán para el resto de sus vidas.

Y yo no sé.

No sé si tú tienes la montaña detrás. O si ya la tienes delante, y no sabes cómo subirla.

En ambos casos, si quieres que lo hagamos juntas, puedes apuntarte a mi lista aquí abajo. 👇